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Hoy es 9 de octubre. Dentro de un mes cumplo 22 años e inevitablemente, como todos los años siento que no he hecho nada de mi vida. Y que probablemente no haré nada. Nunca voy a terminar una carrera. Nunca me voy a titular. Probablemente nunca regrese a Europa a ver si la marca que deje sobre un palco de plaza sigue ahí.

Tengo 3 semestres de ingeniería, 2 de enfermería y varias clases aleatorias de letras. 1 carta de cambio de carrera, una de baja temporal y 2 de dimision de varias causas. 2 accidentes automovilisticos y uno alcoholico. Tengo 3 libros pseudo publicados, uno queriéndose publicar pero sin buen augurio. 2 investigaciones ambientales publicadas y 3 manuales/compendios de letras españolas. Tengo en mí haber 9 amoríos inacabados, dos trágicos amores y miles de dudas acerca de ellos. He leído – y releído – cerca de mil libros, y compuesto dos canciones para piano. Ah sí, y toco el piano de cuando en cuando. Tengo una deuda por 20 mil pesos que estoy pagando y liquidando constantemente. Estoy ahorrando para un coche. En el presente y hasta agosto del 2009 un empleo que me remunera 5 cifras mensualmente y miles de horas de hastío interno que complemente con Demian, que volvi a leer después de ver un anime dramático.

Mis brazos muestras 8 marcas de canalizaciones hechas en la última semana.

Actualmente escribo para varias publicaciones medio chafas, por no decir mediocres con seudónimos inimaginables como Avianna Déniz y Lázaro Vidaurri Dufour y me empeño en redactar un artículo titulado “todos nacemos muertos” que estoy segura…yo no me invente, solo lo leí por ahí (el titulo). Sigo sin encontrar la letra que me complementara.

Como decía, siento que no he hecho nada. Y eso me deprime enormemente.

Ahh, y estoy posteando esto desde mi muy lenta conexión del trabajo.

La historia es como un episodio barato de anime. De esos que tan dramáticos y místicos que tanto te gusta ver. De esos que yo he visto, solo por tener algo de que platicar contigo y no quedar como una retrasada ante ti. Solo para tener algo en común.

Ciertamente nuestra historia es una historia comprometida. Es una oportunidad que se me presento y que decidí aprovechar, después de que leí que las oportunidades no se van o desaparecen, simplemente las aprovecha otra persona. Si fuiste una oportunidad. Una grandiosa oportunidad que después te empeñaste en dramatizar.

Ciertamente en este momento, es uno de los problemas que menos me importan. Pero lo escribo para intentar no recordar que mi vida se está desmoronando ya desde hace bastante tiempo. Que la visión optimista que tanto me recalcan en la facultad no es más que mierda. Que nadie obtiene lo que merece. Que la vida no es nada bella ni justa y sobre todo, no es alentadora. Que mi actitud no es el problema. El problema es el mundo.

Aún y con todo ese problema frente a mi lo único que se me ocurre preguntarte y preguntarme es si me extrañas, es si me quieres. Es si soy algo para ti. Y obviamente tu respuesta es algo totalmente diferente a lo que una persona en mi posición esperaría. Pero es sincera y es de lo que tengo conocimiento. Es la verdad. Y es algo que me facilita más alejarme todo un año de todo eso. ¿Que si te quiero? Si, te quiero a mi modo. A mi muy insano modo. A un modo inmoral, homosexual, puritano y austero. A un modo chapado a la antigua a pesar de ser un modern love.

Sé que no me lees, pero ¿te acuerdas? Larga es la espera de algo que sabes nunca va a suceder. Larga es mi espera. Larga y estoica. Pero sobre todo a sabiendas de que nunca va a pasar. Porque solo fui una novedad. Un capricho, una curiosidad.

Todos los días me levanto totalmente deprimida. Y todavía no sé porque lo cuento.

Y con todo esto sigo sintiéndome triste hasta el tuétano, sigo llorando por las esquinas y sigo pensando en que estoy sola. Sola y con conocimiento de causa. Sigo sintiéndome tremendamente sola. Justo como lo estoy. Justo como lo he querido siempre, ¿cierto?

Haberlo dicho tantas veces a hecho que pierda el sentido…para mí.

Veo las agujas y me parecen inofensivas, las veo con mirada reconfortante, a sabiendas de que un solo piquete me puede llevar a la quimera. Estoy a una aguja de la felicidad.

Como cada día enciendo la radio, como cada día escucho lo mismo… cada día entiendo menos. ¿Han notado que en los anuncios radiofónicos todo el mundo habla rápido? Pero mi tiempo sigue caminando, gateando, arrastrándose lentamente por las manecillas de mi reloj con más flojera que la de costumbre. El día parece que no termina.

Las palabras siguen sin poder salir de mi garganta, están demasiado perezosas como para ver la tenue luz que ilumina al mundo en estos días. Y aparte tienen orgullo. Se niegan a salir. En las profundidades de mi sentir, no me queda más que ahogarlas en humo, en la inconciencia auto inflingida en la que estoy.

Los tonos del sol rigen mis molestias cotidianas, rigen el resplandor de mis ojos y el color con que veo las cosas. Me agazapo detrás del mostrador como roedor asustado, tratando de encontrar alguna señal entre líneas. Tratando de encontrar tu nombre en ellas. Las leo miles de veces hasta que mi esperanza – ya de por si podrida – cae fracasada al fondo de mi torso, haciéndoles compañía a las palabras.

En las noches el cielo manda kamimazes cristalinos, con la esperanza de aplacar mi dolor. A veces lo noquean con la dureza de su estela. Solo a veces.

Día a día me peleo con las motas de polvo que danzan a mí alrededor tratando de alegrarme el día. Y maldigo a los árboles por dejar caer sus hojas compresivas sobre mí.

Estoy caminando. See caminando. Hacia una iglesia. No me gustan las iglesias. Miento. Las iglesias me gustan, me gustan las cruces, los cuadros, las pinturas, los retablos, me gusta la arquitectura y el silencio que ronda en ellas. Lo que no me gusta es la gente que ahí habita.

Estoy enojada por que me despertaron para ir a tomar ceniza, ósea, ¿eso que? No le veo el punto. Nunca se lo vi. Creo que estar 6 años en colegio con monjas me hizo daño. Recuerdo las misas que hacían, siempre iba un padre ya muy viejo. Nos hacían formarnos por grados y grupos en el jardín principal y ahí estaba. Toda una bendita hora parada, oyendo sandeces de cómo me iría al infierno si hacia esto o aquello. Y solo tenía 7 años. Desde que me acuerdo todo se resume a que eres una mierda desde que naces, y por eso te bautizan, por que te culpan por algo que tu no hiciste, que lo hizo una pareja hace mucho mucho tiempo. Y que aún con el bautizo pecas, cuando respiras, cuando hablas, cuando comes, cuando tomas, cuando fumas. Cuando vives. Y ya al final de tu vida, te puedes arrepentir y se te perdona. Si, puedes tener toda una vida (entiendase 70 u 90 años) de puras pendejadas y si en el último minuto de vida, te arrepientes, estás perdonado y vas al cielo. Y eso me lo decían todos los días indirectamente, y una vez al mes lo oía de boca de un viejo decrepito que solo decía que nos iríamos al infierno por que así Dios lo quiere.

No entiendo. Creo que nunca lo he entendido. Ya en la iglesia, formada en la larga fila para que marquen en mi frente, que acepto hacerme responsable de los actos de otra persona, me siento sucia. Me siento mal, me siento fuera de lugar. Me siento como si fuera un borrego, un buey, algo de ganado, siento que voy hacia algo estúpido sin elección. Finalmente me dan la ceniza. Y no siento nada. No entiendo lo que el padre me dice, y me quito rápidamente de la fila. Me pica la frente. Camino hacia la salida, viendo otra vez los retablos, las paredes, los decorados. Y mi madre se sienta en una banca. Yo me hago la que la virgen me habla y sigo caminando. No le veo el punto a sentarme y pedirle algo a alguien que se niega a dármelo y que por otro lado no se si exista. Mejor hablo con los muertos. Hablo con la pequeña personita que siempre me ronda y con mi abuela. Al menos se que existieron, a los dos los sentí y se que fueron seres humanos completos, no un idealismo. La frente me sigue picando, creo que me quema. Salgo por la puerta lateral y ahí me quedo. Viendo como entra la gente. Como sale. Como rezan. Dos cholos pasan a mi lado diciendo de madres, pero, hey! van a tomar ceniza. Me asomo otra vez a ver si ya se pararon de la banca para poder irnos. Lo único que quiero es regresar a la casa para seguir leyendo. Es todo. Hay mucha gente en la plazoleta, en la iglesia, en la calle, y me molesta. Veo la mirada lujuriosa de un señor, que por las manos muñidas y llenas de tierra es albañil, le dirige a una niña, bastante bonita, bastante inocente. No más de 14 años. Siento pena por el señor, por que no se da cuenta de que ese objeto sexual al cual imagina haciendo no se que cosas, es una niña, una niña igual a la que lleva de la mano y que es su hija. Y también siento pena por la niña por que con sus short con muchas bolsitas y su camiseta rosa no se imagina la mierda que es el mundo. Eso sentí hasta que la niña salio de la iglesia con su crucecita negra pintada en la frente, para encontrarse con uno de los cholos que vi pasar primero, y veo como se abrazan y se besan, mientras el otro cholo le ve el trasero a la novia de su amigo y este le agarra una bubi disimuladamente. Me dan asco todos.

Me sigue picando la frente, me siento como Harry Potter cuando le duele la cicatriz por que el que no debe ser nombrado esta planeando algo. Ahh me sigue picando. En un ataque de pánico, creo que realmente me esta quemando, que la ceniza esta bendita y que mi piel se quema por que soy una pecadora sin perdon de Dios.

Sigo esperando. Se que mi mama tiene mucho que pedir. Siempre es eso, pedir, pedir, pedir. No la culpo, yo también pediría si supiera que. Finalmente se paran, ella y mi hermano y se dirigen hacia donde estoy. Salimos. Demasiada gente. Gente humilde. O pobre, que no es lo mismo. Gente, gente, gente. Me enferma, solo pienso que quiero continuar con mi libro y dormir otro rato. Ver la tele, leer. Lavarme la pinche ceniza de la frente por que la siento como ácido sulfúrico que me carcome el cerebro. Y no!, mi cerebro no!, es de lo único que se que es mío, y que yo lo cultive!.

Camino rápido, finalmente vamos otra vez a casa. Cruzo la plazoleta y veo la librería. Llena de gente que va a comprar su libro de autoayuda. O sus revistas porno. O la de 15 a 20. o la vanity. O la revista de rbd. Me alejo de ahí. Siento el olor dulzon del sudor. Se me revuelve el estomago. Me siento incomoda en las multitudes.

Y mientras sigo caminando, veo la cara de Tere en una camioneta blanca. Ella no me ha visto. Camino más rápido, y paso a un lado de la camioneta. La ignoro. No se por que lo hago. Siempre. Si no me ven no saludo y sigo caminando. Creo que si me vio. O vio a mi mama, como sea. Hace un año estaba en Celaya y fui a tomar ceniza con ella, entonces tampoco tenia mucho sentido pero el caso era compartir con alguien, las dos vivíamos juntas y estudiábamos. Ahora esta embarazada. Va a formar una familia con el hombre que ama. Con el único hombre que ha amado. Y con el único que ha estado. Yo quiero eso. Pero esa imagen esta cada vez más lejos de mí. Yo la he alejado. O ella se ha alejado al ver que no doy una en eso de las relaciones. Veo a mas gente que va hacia la iglesia, todo el centro esta lleno de gente con su cruz en la frente. Y yo con mi jeta. Rodeada de sonrisas. Y yo malhumorada. ¿Por qué no me traje el ipod? Sigo caminando, por fin llego a casa. Subo y prendo la tele. Esta Friends. La frente me sigue picando. Me limpio con un kleenex. Me siento mejor. Ya no me siento sucia. Me siento feliz por que realmente me gusta Friends. Ross y Rachel. Monica y Chandler. Me siento como Joey. Me gustaría sentirme como Phoebe. Ella es la onda. Se termina.

Me veo en el espejo del baño. Veo en lo que me he convertido. Estoy sola. Sola y con mi familia. Soy una ermitaña. Solo leo y juego en la xbox. Ya ni siquiera prendo la comp. Tanto como antes solía. Ya no me conecto al MSN. Lo único que hago es salir por las mañanas a caminar y leer. Pienso en el trabajo. Quiero uno de medio tiempo. No quiero trabajar. Me veo otra vez en el espejo. No me gusta mirarme. No veo mi cara tal y como yo siento que es. Es diferente en el espejo. Me gustaría tener un espejo mágico, para que al reflejarme, viera mi alma, y no mi cara. Sigo viéndome.

Siento como la vista se me nubla. Ahora veo el contenido de mi estomago en el retrete. Es solo agua, y pasta. Me siento en el suelo del baño. Y sigo vomitando. La garganta me quema. Me duele la cabeza. Solo veo letras flotando en el agua del retrete. Empiezo a llorar. Creo que he vomitado mi alma.