Dos botellas. Ni una más ni una menos. 650 ml de cerveza de trigo hacen la diferencia entre tú espejismo y mi valemadrismo. “La primera cerveza de trigo Mexicana, con calidad europea”, reza la etiqueta.
Putadas de un sommelier de cuarta, digo yo. Dos cervezas. Dos cervezas es el abracadabra para el nudo que siento subir por el esófago y anidarse en mi garganta. 2 putas cervezas, 5 cigarros y una canción de quinta. Esa es mi formula mágica.
Recuerdo que tú me decías que con 3 bebidas –cualesfueran- te ponías a punto pedo, punto mágico, punto excitable. Nunca lo comprobé. Lo sentía como una oferta. “Con tres bebidas, la haces”. Económica la situación, si lo vemos desde el capitalista que todos llevamos dentro. Que ironía comprobar que seis meses después, yo me doy a conocer por mucho menos.
Seis meses de valemadrismo intermitente se fueron en cincuenta y seis minutos. Risas, bromas y verborrea mental te preceden; después la exigencia: ¿no que los sentimientos tenían fecha de caducidad? ¡Que me devuelvan mi dinero!
Así de la nada aparece el recuerdo. Tan pálido como tu piel. Ya de regreso a casa, manejo lento, y juro que puedo ver de reojo tú silueta en el asiento de copiloto. Incluso oler tu perfume, sentir tu mano apoyada sobre la mía mientras cambio de velocidad. Lo efímero del momento me hace maldecirte por indefinida vez. No tiene caso meter más números a la ecuación. Por más que le eche cifras, coco y recuerdos, siempre salgo perdiendo. Cual inversión a largo plazo con bancarrota de por medio. Voy pasando varios semáforos, bocacalles y avenidas; pienso en doblar a la izquierda para ir a su casa; justo con el verde me doy cuenta que de nada me sirven su mirada pizpireta cobriza, son tus ojos halógenos los que quiero me iluminen. Al tercer rojo me doy por vencida; eran azules? O verdes? O aguamarina, ¿Ves? El tiempo se ha encargado de hacer su parte, de deslavar la imagen.
¿A quien engaño si mi color favorito es el verde? Ese verde que tantas multas me ha impuesto.
No se como invalidar la transacción. El problema no es echarte de menos, si no echarte de más. Yo no bebo para olvidarte, bebo para recordarte y seguir desbridando la herida, en Pro de que nunca sane, porque si sana, significaría que te he olvidado, que me he olvidado de mi, por ti. Y el olvido lo es todo, menos vida.
Lo dicho; no soy más que un sommelier de quinta. Putas cervezas malinchistas.
Publicado por bulto en febrero 19, 2011 at 4:17 am
y ya se ha olvidado?
Publicado por dann! en febrero 19, 2011 at 4:23 am
sip, ya sano la herida