La historia es como un episodio barato de anime. De esos que tan dramáticos y místicos que tanto te gusta ver. De esos que yo he visto, solo por tener algo de que platicar contigo y no quedar como una retrasada ante ti. Solo para tener algo en común.

Ciertamente nuestra historia es una historia comprometida. Es una oportunidad que se me presento y que decidí aprovechar, después de que leí que las oportunidades no se van o desaparecen, simplemente las aprovecha otra persona. Si fuiste una oportunidad. Una grandiosa oportunidad que después te empeñaste en dramatizar.

Ciertamente en este momento, es uno de los problemas que menos me importan. Pero lo escribo para intentar no recordar que mi vida se está desmoronando ya desde hace bastante tiempo. Que la visión optimista que tanto me recalcan en la facultad no es más que mierda. Que nadie obtiene lo que merece. Que la vida no es nada bella ni justa y sobre todo, no es alentadora. Que mi actitud no es el problema. El problema es el mundo.

Aún y con todo ese problema frente a mi lo único que se me ocurre preguntarte y preguntarme es si me extrañas, es si me quieres. Es si soy algo para ti. Y obviamente tu respuesta es algo totalmente diferente a lo que una persona en mi posición esperaría. Pero es sincera y es de lo que tengo conocimiento. Es la verdad. Y es algo que me facilita más alejarme todo un año de todo eso. ¿Que si te quiero? Si, te quiero a mi modo. A mi muy insano modo. A un modo inmoral, homosexual, puritano y austero. A un modo chapado a la antigua a pesar de ser un modern love.

Sé que no me lees, pero ¿te acuerdas? Larga es la espera de algo que sabes nunca va a suceder. Larga es mi espera. Larga y estoica. Pero sobre todo a sabiendas de que nunca va a pasar. Porque solo fui una novedad. Un capricho, una curiosidad.

Todos los días me levanto totalmente deprimida. Y todavía no sé porque lo cuento.

Y con todo esto sigo sintiéndome triste hasta el tuétano, sigo llorando por las esquinas y sigo pensando en que estoy sola. Sola y con conocimiento de causa. Sigo sintiéndome tremendamente sola. Justo como lo estoy. Justo como lo he querido siempre, ¿cierto?

¿Es una TV de pantalla plana, un amor incondicional, un romance pasional, un premio nobel, el reconocimiento de otros, el éxito, el fracaso, ese coche con más caballos de fuerza que lo que puedes entender?

Nuestra vida está regida por deseos, demandas y fantasías, entre las cuales hay un abismo. No hace falta ser un profesional de la mente para darse cuenta que lo que deseamos, pedimos o fantaseamos, muchas veces es diametralmente opuesto a lo que en realidad queremos. Aunque esta obviedad siempre es omitida por nuestra conciencia.

Lacan dice que las fantasías tienen que ser poco realistas, porque en el momento, en el instante que consigues lo que buscabas ya no lo queremos, ya no podemos quererlo. De esta forma para que el deseo pueda seguir existiendo necesita que sus objetos estén permanentemente fuera de alcance. Siempre pesa más lo que se desea que lo que se sabe, porque no es eso lo que deseas si no la fantasía de eso. Por lo tanto el deseo sustenta fantasías perturbadas.

Es por eso que Pascal dice que solo somos verdaderamente felices cuando soñamos con la futura felicidad. Cuando nos vemos en medio del vacío, y pensamos que el futuro será mejor, estamos albergando una esperanza fantasma en el mañana. Es esa visión y seguridad en que hay un porvenir mejor lo que ha salvado a muchos de las peores circunstancias. Craso error.

La fantasía es definitivamente lo que hace a la vida atrayente. El placer está en la caza, no en la matanza. El objeto de deseo deja de serlo cuando es poseído. Usualmente, lo mejor sería aprovechar ese pequeño lapso de tiempo en que el mundo parece recién pintado y disfrutarlo mientras lo tengas, a sabiendas de que todo es perecedero.

El refrán “ten cuidado con lo que deseas”, no es por conseguirlo, o por la naturaleza de lo que quieras, si no porque estás condenando a no quererlo en cuanto lo consigas.

En este punto la lección de Lacan es que vivir con tus deseos no te hará nunca feliz.

Ser íntegramente humano significa esforzarte por vivir de acuerdo con ideas e ideales y no evaluar tu vida por lo que hayas obtenido en cuanto a tus deseos estereotipados, o tus más insanas fantasías, sino por aquellos breves momentos de integridad, racionalidad, compasión, entrega, comprensión incluso de abnegación que puedas tener. Para evaluar tu vida, no hace falta tener un método cuantificado de esto.

Porque al final la única manera de evaluar la relevancia de nuestra vida es valorando la vida de otros.

El vino habla. Lo sabe todo el mundo. Echemos un vistazo a nuestro alrededor. Consultemos el oráculo de la esquina; aquel a quien nadie a invitado al banquete de boda; al necio. Habla, ventriloquiza. Tiene un millón de voces. Desata la lengua, nos saca los secretos que nunca pensábamos contar, secretos que ni siquiera conocíamos. Grita, despotrica, susurra. Habla de grandes cosas, de esplendidos planes, de trágicos amores y terribles traiciones. Suelta carcajadas. Ríe entre dientes. Llora ante su propio reflejo. Abre veranos pasados hace mucho y recuerdos que mejor sería olvidar. Cada botella, un olorcillo de otros tiempos, otros lugares y cada uno –desde el Liebfraumilch más corriente hasta el dominante Veuve Clicquot 1945- un humilde milagro. Magia cotidiana, la llamo Joe. La transformación de materia pura y simple en el ingrediente de los sueños. Una alquimia asequible.

Yo, por ejemplo. Fleurie 1962. El ultimo superviviente de una caja de doce, embotellado y guardado en la bodega del año en que nació Jay <<Un vino vivaracho, parlanchín, risueño, con cierto desparpajo y un mordaz sabor a casís>>, reza la etiqueta. En realidad no es un vino para guardar, pero él lo hizo. Por mor a la nostalgia. Para una ocasión especial. Un cumpleaños, quizá una boda. Peros sus cumpleaños pasaron sin celebraciones; tomando tinto argentino y mirando viejas películas del Oeste. Hace cinco años, dispuso una mesa adornada con candelabros de plata pero de aquello no saco nada. A pesar de todo, la chica se quedó. Llegó con una legión de botellas: Dom Perignon, vodka Stolichnaya, Parfait D’Amour y Mounton-Cadet, cervezas belgas de largo cuello, vermú Nolly Prat y Fraise des Bois. Ellos también hablan, sobre todo de tonterías, cháchara metálica, como invitados alternando en una fiesta. Nos negamos a tener nada que ver con ellos. Nos empujaron al fondo de la bodega, a nosotros, los tres supervivientes, tras las flamantes hileras de los recién llegados, y allí permanecimos, olvidados, cinco años. Château Chalon del 58, Sancerre del 71 y yo mismo. Château Chalon ofendido ante su relegación, simula sordera y a menudo se niega incluso a hablar. <<Un añejo de gran dignidad y altura>>, cita literalmente él en los contados momentos en que se siente comunicativo. Gusta de recordarnos su antigüedad, la longevidad de los amarillos vinos del Jura. Saca partido de ello, al igual que de su meloso bouquet y su genuino pedigrí. El Sancerre hace tiempo que se ha avinagrado y aún habla menos, en alguna ocasión suspira levemente pensando en su desvanecida juventud.

Luego seis semanas antes de empezar esta historia, aparecieron los otros. Los desconocidos. Los Especiales. Los intrusos que lo iniciaron, si bien ellos también parecían olvidados tras las nuevas y relucientes botellas. Seis de ellos, con su propia etiqueta pequeña manuscrita, sellados con cera de vela. Cada botella llevaba un cordón de distinto color anudado al cuello; rojo frambuesa, verde sauco, azul mora, amarillo escaramujo, negro ciruela damascena. La ultima botella anudada con un cordón marrón, era de un vino del que jamás había oído hablar. Specials, 1975, ponía la etiqueta, y la letra se había descolorido adquiriendo el tono del te viejo.

Pero en su interior bullían los secretos. No había forma de escapar de ellos; sus murmullos, sus silbidos, sus risas. Nosotros nos las dábamos de indiferentes ante sus payasadas. ¡Aquellos aficionados! Ni el más mínimo efluvio de uva en ninguno. Eran inferiores, y a nosotros nos molestaba que tuvieran un lugar allí. Así y todo notabas un atractivo descaro en esos seis filibusteros, un intenso choque de aromas e imágenes que hacia tambalear a los añejos más sobrios. Evidentemente nuestra dignidad nos impedía hablarles. Aunque, ¡Cuánto ansiaba hacerlo! Tal vez fuera verdad aquel vulgar regusto a casis lo que nos unía.

Catorce años antes, Jay había escrito una novela titulada Tres veranos con Joe Jackapple. Tres cajas de Veuve Clicquot del 76 celebraron sus publicación, bebido demasiado joven para hacerle justicia, pero resulta que a Jay siempre le pasaba lo mismo, se abalanzaba sobre la vida como si nunca pudiera quedar seca, como si lo que contuviera fuera a durar para siempre, éxito tras éxito en una celebración sin fin. Aquellos días no había bodega. Estábamos situados en una repisa encima de su maquina de escribir, por suerte decía él. Cuando acabo el libro abrió el ultimo de mis compañeros del 62 y se lo bebió muy despacio, girando y girando el vaso en sus manos cuando hubo terminado. Después se acerco a la repisa. Se quedo allí un momento. Sonrió y volvió –casi tambaleándose- a su sillón.

-La próxima vez, cariño –prometió-. Lo dejamos aquí hasta la próxima.

Ya veis, me habla, como un dia yo hablare con el. Es mi amigo más antiguo. Nos entendemos los dos. Nuestros destinos se entrecruzan. Naturalmente no hubo próxima vez.

Y después esta Kerry. Os presento a Kerry O’Neill, de veintiocho años, pelo rubio, corto, unos sorprendentes ojos verdes de los que Jay jamás sospecho que ocultaban unas lentes de contacto de color, periodista de televisión. Cinco años atrás antes, ella habría sonreído ante sus palabras. Tenía una casa en Chelsea, un apartamento en Nueva York y se estaba planteando seriamente una liposucción en los muslos. Ya era mayor. Seguía adelante. Sin embargo, para Jay nada avanzaba.

Cinco años antes, parecía la encarnación del artista temperamental, bebía media botella de Smirnoff al día, era un personaje romántico, estropeado, maldito. Despertó en ella el instinto maternal. Ella iba a redimirle, a inspirarle y, como contrapartida, el escribiría un maravilloso libro, un libro que iluminaria vidas. Todo gracias a ella.

Pero no sucedió nada de eso. Tal vez se había equivocado, pensaba Kerry. El no quería hacerse adulto. No quería que le salvaran.

Las botellas vacías contaban una historia diferente. Bebía, o eso se decía Jay, por la misma razón por la que escribía. No para olvidar, sino para recordar, para abrir el pasado y encontrarse de nuevo allí, como el hueso de una fruta amarga. De lo contrario no se produce la sintonía. Y se estropea el bouquet.

Joanne Harris//Vino Mágico.

Lo que ves es una espada sin dueño, carece de la tranquilidad de una funda y su filo siempre esta preparado. Sigue su propia justicia y bajo ella corta a amigos y enemigos por igual, se niega a brillar, aunque algunas veces destella sobre lo que quiere alertar, si a su llamado no encuentra respuesta, friamente sigue su naturaleza y corta con fuego.

Destila veneno, veneno que corroe el pensamiento si su enojo es provocado. A voces suaves responde con resonancia ecuánime, a voces de enojo solo el silencio es su respuesta.

Siempre nueva pues incinera los recuerdos de quienes la tuvieron, marcada si por tantas peleas. Asediada por demonios del pensamiento, de ahí que se encierre en silencio y quietud, estos son los momentos más inciertos pues son varios los demonios y si es provocada su respuesta es desconocida.

Tómala si lo deseas, para acompañarte, para defenderte, para terminar con quienes te quitan tu paz pero no bajes la mirada pues siempre vigila, siempre busca mirar al interior por más que te ocultes.

Ten siempre presente quien eres y cual es tu lugar con ella.

Siempre estará cuando la llames, y siempre sabe cuando debe estar y retirarse, conoce que las cosas tienen una razón y sigue el flujo o lucha contra el, pero nunca te dejará sola.

Vivo con el temor de que un día te vayas para no volver jamás, de que un día me despierte, vaya a la universidad y te encuentre en medio del patio. Que de tu boca salgan palabras malditas que me digan que no hay nada por hacer.

Que me de cuenta de que no hay nada que yo pueda decir, hacer o escribir que te haga cambiar de opinion.

La musa inagotable no es esa copa de tinto que gira en mi mano. O esa cerveza negra con sabor dulzón.

No es ese habano de importación que paladeo de cuando en cuando. O esa pipa de diseñador.

La musa inagotable no es esa ganja que tanto disfruto. Ni ese porro clandestino que me paso con los amigos.

La musa inagotable no es lágrima que roza mis mejillas. O el tierno roce de la falsa ausencia, cayendo en pedacitos por el retrovisor.

Ni ese sentimiento que carcome las entrañas. La musa inagotable no es bajar a las profundidades de tu ser y tocar tu propio dolor.

La musa inagotable tiene ojos que encandilan y labios que vacilan. Tiene la lengua envenenada y los oídos salados.

La musa inagotable tiene la tez morena y alas tornasol. Va siempre vestida con guiñapos y no darías un cinco por ella.

La musa inagotable tiene la verdad absoluta cautiva en un viejo quinqué.

A la musa inagotable la regula el buen gusto que tiene, y el mal gusto que puede tener.

La musa inagotable es excéntrica de una forma poética.

La musa inagotable yace todas las noches en ese centro en llamas que esta acertado a mi pecho.

La musa inagotable está enamorada de un asceta con mal aliento, y dientes de león clavados en la boca.

La musa inagotable no es eso que crees que te hace especial. La musa inagotable solo es aquella que en sueños, te regala episodios de vidas pasadas, de suspiros vehementes o hálitos bienaventurados.

La musa inagotable no existe, solo se acuna entre los dedos cual evocaciones harapientas de mejores ayeres y porvenires sobrevivientes.

Erase una vez un niño/ángel, que vivía en un cuaderno de tapas manchadas y jugaba todos los días con pelusas pegadas a palitos de papel. El niño ángel tiene un ala donde la luna se esconde todas las mañanas.

El niño/ángel tiene pecas de todos los colores y la lengua colorada. Su hermano, el niño/espejo siempre está metiendo los pies en el arroyo de fresas que está detrás de su casa.

La casa del niño/ángel y el niño/espejo es un dibujo coloreado con acuarelas viejas. Tiene una gran ventana en la parte alta, donde los rayos del sol se meten y hacen danzar las burbujas de jabón.

En el patio de la casa hay hadas que avientan polvos mágicos a las flores para que hablen, mientras los grillos cantan a las mariposas.

El niño/ángel es amigo del viejo sapo regordete que pone huevos en un zapato, vive en el arroyo de fresas y le gusta ver el reflejo del niño/espejo.

El niño/espejo tiene el color dorado y siempre va a todos lados con su flor de sol.

A veces, el sapo regordete se enoja con el niño/espejo porque sus pies dejan gotas de chocolate sobre las fresas del arroyo. Pero otras veces, el sapo solo cuenta cuentos tristes de otro mundo en el que los niños no son espejo ni tienen alas.

Un día, el niño/ángel vio que después del arroyo, cerca del viejo tronco de la luz se estaba dibujando una nueva casa con forma de luna, as acuarelas que la pintaban eran nuevas. Al terminar de pintarse quedo la casa/luna con estrellas pintadas en el patio, también había ríos y escondrijos donde muchos animales podrían vivir y un estanque de agua de Jamaica. Nadie vivía en la casa/luna.

Cada jueves el niño/espejo jugaba con su flor de sol en el estanque de la casa/luna, cada semana el estanque se tragaba una estrella diferente. Después de muchos jueves las estrellas desaparecieron y el jardín se transformo en solo un estanque que tenia fondo de estrellas.

Una tarde después de varios jueves la casa con forma de luna se lleno de luz. El niño/ángel dio unos cuantos pasos y volteo la mirada a su hermano, que estaba en el patio agachado mientras las hadas revoloteaban a su alrededor llenándolo de polvos mágicos y las flores le cantaban canciones de cuna.

Camino hasta el tronco de la luz, que estaba lleno de luciérnagas. Los grillos lo miraban sigilosamente desde el otro lado del estanque. De pronto la puerta de la casa/luna se abrió y salió la niña /luz, su piel era del color de las estrellas y tenia pecas de vivos colores dibujando una constelación en su cara.

Desde entonces el niño/ángel llora lagrimas de azúcar que regala a la niña/luz para endulzar el té de luces que toman cada atardecer, mientras el niño/espejo juega en el valle de las sombras y se encuentra al mismo latido con el sapo regordete.

*nunca se termino bien, los personajes son basados en escritos de Anuar.

Pensamos demasiado… solo rómpeme en cachitos bajo tu almohada.

Ya tuve que ir obligada misa, ya toque en el piano \”Para Elisa\”
ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa.
Ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia ya hice drama
fui concreta y me fui por las ramas, ya me hice la buena y tuve mala fama.
Ya fui ética, y fui errática, ya fui escéptica y fui fanática
ya fui abúlica, fui metódica, ya fui impúdica y fui caótica.
Ya leí Arthur Conan Doyle, ya me pasé de nafta a gas oil.
Ya leí a Bretón y a Moliere, ya dormí en colchón y en somier.
Ya me cambié el pelo de color, ya estuve en contra y estuve a favor
lo que me daba placer ahora me da dolor, ya estuve al otro lado del mostrador.
Y oigo una voz que dice sin razón
\”Vos siempre cambiando, ya no cambiáis más\”
y yo estoy cada vez más igual
Ya no se qué hacer conmigo.
Ya me ahogué en un vaso de agua, ya planté café en Nicaragua
ya me fui a probar suerte a USA, ya jugué a la ruleta rusa.
Ya creí en los marcianos, ya fui ovo lacto vegetariana. Sana!

Fui quieta y fui gitana, ya estuve tranqui y estuve hasta las manos.
Hice el curso de mitología pero de mi los dioses se reían.
Orfebrería lo salvé raspando y ritmología aquí la estoy aplicando.
Ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé, ya firmé, ya viajé, ya pegé.
Ya sufrí, ya eludí, ya huí, ya asumí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí.
Y entre tantas falsedades muchas de mis mentiras ya son verdades
hice fácil adversidades, y me compliqué en las nimiedades.
Y oigo una voz que dice con razón
\”Vos siempre cambiando, ya no cambiáis más\”
y yo estoy cada vez más igual
Ya no se qué hacer conmigo.
Ya me hice un lifting me puse un piercing, fui a ver al Dream Team y no hubo feeling
me tatué al Che en una nalga, arriba de mami para que no se salga.
Ya me reí y me importó un bledo de cosas y gente que ahora me dan miedo.
Ayuné por causas al pedo, ya me empaché con pollo al spiedo.
Ya fui psicólogo, fui al teólogo, fui al astrólogo, fui al enólogo
ya fui alcohólica y fui asceta, ya fui anónima y ya hice dieta.
Ya lancé piedras y escupitajos, al lugar donde ahora trabajo
y mi legajo cuenta a destajo, que me porté bien y que armé relajo.

Podía ver como se movía entre la gente. Podía verlo. Podía sentirlo, pero solo eso. Su figura me era tan irreal como su nombre. Ese día Guanajuato se ilumino por primera vez para mí. Para todos. Pero una sombre ennegrecía el panorama, una sombra que amenazaba con desatar una lluvia tupida, de esas que hielan hasta los huesos. De esas que tanto se disfrutan en la habitación de un motel barato, bebiendo tinto barato y fumando camels sin filtro. Pero eso ya no podía ser, aquellos días habían pasado mientras la sociedad que mediaba entre nosotros se presentaba cada vez más amenazadora y embriagante. Y aunque le echábamos la culpa a la sociedad no era más que otro capricho de pseudo escritor muertodehambre con aspiraciones emocionales demasiado altas.

- -¿quieres mota?

Y la vida se ilumino, y el cerebro se adormeció. Comprendí lo bello de perderse entre duendes de pelo ralo y pies sucios, de no solo estar sentada como estúpida en medio de una peda infrahumana que pedía a gritos convertirse en orgía de veinteañeros sin quehacer en una de las ciudades más borrachas del estado, comprendí que la vida estaba en otra parte y que yo no iba a llegar a ningún lado estando ahí. Pero aún así me quede, y me fume mi primer churro. Y luego fue mi primer beso drogado y después el estruendo de los vidrios chocando contra el suelo y convirtiéndose en polvo que solo resbala por la espalda cansada de algún fulano ebrio a morir, y vi tan detalladamente como esa sangre que tanto me embriaga salía borbotones del cuello de otra persona. Por primera vez sentí la belleza de saberme sola en este mundo, de colorear las heridas con los dedos y un poco de alquitrán. Y tira los recuerdos por el retrete, verlos ahí, junto al vomitivo vodka, chapoteando cual infantes en verano.

Pero todo eso era nada. Todo eso era mota. Todo eso no era más que un pensamiento cannabicoreflexivo de lo tonto que puede ser el mundo. De lo mucho que no tengo y de lo poco que me sostengo.

Dio el alba y yo seguía platicando, y vi el primer amanecer apareciendo entre las colinas, bañando el dorso de la H. Universidad de Guanajuato con tintes rojizos, con tintes oscuros. Y pensé en cuantas personas no había cometido la estupidez de su vida tan solo unas horas atrás. De cómo, algunos, se arrepentirían años, tal vez solo meses después. Y pensé en cómo podría vivir mis cuatro años universitarios drogada hasta el tuétano, pasando de conversación alcohólica a encuentro lascivo una y otra vez, y ese círculo me asusto. Sentí como la garganta se me cerraba y mis piernas cobraban vida propia, para alejarse lo más lejos y rápidamente posible de ahí. De esa vida. De esa droga. De ese olor.

Volví a ver a los ojos de la niña otrora engañada y sentí lastima, y culpa. Sobre todo culpa. Pero aquello solo era un momento más.

3 horas después, sentada en el camión me sentí mejor. Cavile demasiado en el camino, pensé en lo mucho que lo quería y en lo poco que lo merecía. Pensé en que yo no podría ser un escritor. No podría contar esas historias de dolorosos amores, ni jalarme los tendones en pro del dramatismo. No soy lo suficientemente mística como para ser una artista. Pensé. Y muchísimo mejor cuando sentí el olor dulzón del smog salmantino penetrar mi nariz y llegar hasta mis ya muy intoxicados pulmones.